13 de junio de 2011

Ya es verano, creo

La plaza de Bendicho, estos días.

Me acabo de terminar un libro. Por eso en Ciudad Jardín tiraban cohetes. O lo mismo ha sido en los Molinos. Sí. Creo que ha sido en los Molinos. O lo mismo ha sido porque salían dos de los tres Sanantonios que, a ojo, salen entre hoy y mañana por esta ciudad de verano nuevo que estrena falda de niña, blanca como pasar por la plaza de la Catedral a las cuatro de la tarde y volantona como las cucarachas primeras que aún no te cruzas por la calle, cuando vienes de vuelta. Pero ya es verano, oh, ciudad que eres bonita en verano. Esas cosas se saben. Hay indicios en el entramado social de Almería que te lo van diciendo. ¿Que llegas a la capilla del Sagrario y el Cautivo tiene la túnica blanca? Ya es verano. ¿Que a las jacarandas de la plaza de Bendicho apenas le quedan lagrimillas violetas? Ya es verano. ¿Que es martes y Almería vuelve el Rocío y se habla mucho ya del Corpus? Es verano. Eso es así. Los tiempos se respetan, se cumplen, apenas se pisan los unos a los otros porque son como japoneses civilizados que prefieren morir abrasados en una cola, en una escalera de incendios, a salvarse como lo haría un español. Ahora no paso, por las obras, por la circunvalación de la Plaza y antes de las obras no me acuerdo si cuando Marín Rosa dejó de ser Marín Rosa, su escalera de incendios dejó también de serlo. Aquello era como un vistazo anacrónico y extemporal de un Nueva York que no había pisado entonces. Como tampoco ha ocurrido eso ahora, sigo, entones, pensando aquello de aquellas escaleras. Pero ellas estaban allí, desafiantes, fuera verano o invierno. Y ahora ya es verano así que, nada, a olvidarse de unas escaleras que lo mismo ya ni son. Esto lo decía porque los tiempos se respetan, una cosa te lleva a la otra y al final terminas en un bar, llegando tarde a comer porque una caña lleva a la otra y en el Tropezón abres el apetito y lo cierras junto al camarero cuando echa la persiana. Bueno, pues eso, que me voy por ahí y no digo lo que quería decir: que ya es verano, creo, porque el viento dispone las flores de las jacarandas en el suelo como si viniera Pasión por ahí, todo parejas moradas, o violetas, o lilas. Una mujer captaría los matices de tanto nombre pero un hombre sólo aprecia riqueza en el idioma que tiene tres palabras para referirse al color del suelo en verano. Lo que son las cosas, ¿eh? En primavera las flores caen y adornan el césped. Y los tiempos se respetan; luego entran los vientos que traen el verano y se soplan las florecillas lilas, las lagrimillas violetas que decía antes, y una cofradía de naturaleza baja buscando la cuesta de los Olmos.