A la Soledad la vemos pasar como vemos alejarse el suspiro de un Viernes Santo. Sabes que verle el manto es el abismo de un largo año por delante. Pienso en estas cosas con una botellita de agua que oscila en mis manos en una conversación. No sé nada de la Soledad hasta que se angosta en el Cubo el misterio. Allí estoy yo con mi suegra. El misterio pasa, pasa, pasa, pasa, bueno, vale, ya pasó, venga de frente. Y se lo lleva Félix al pino de los Seises aunque lo para un poco antes también. La ciudad se lo perdona o tal vez ni se lo tiene en cuenta. Con la Soledad en la calle los muros invisibles que trazan el graderío de la afición sólo dejan dentro a los melómanos y los flamencólogos; a la Soledad la gente le quiere saetas. Este año las canta un ruso con bigote mientras Churchill disfraza un palermo. Magnífica faena en el coso de esta cofradía y los del Morato, todos contentos. Luis Criado, por decir un nombre visible de esto que es ahora la Soledad en la calle, mucha gente con un concepto entre manos y el gusto entre ceja y ceja, ha sabido dejar actuar a los que han sabido actuar y a la Soledad se le ha cantado mejor que nunca aunque un poco peor que el año que viene. Luego veo por fotografías que así se va con un giro y otro cuando baja por la calle Ancha —que el año que viene cumplirá 200 años— esta cofradía que ha bajado de las aceras al público duro del Viernes. Luis Criado recibe otro aplauso (in)merecido, vaya usted a saber. Los logros empiezan a ser tantos que asusta la velocidad vertiginosa de esta Soledad de cuño actual y poso eterno. Me encuentro a alguien con otra botellita y le apuro el agua a cambio de ser yo el que viaje a la papelera. Y me escapo de la tediosa crónica de turno de quien piensa que me interesa su opinión. Me escapo y retuerzo la toalla de la Semana sacándole las gotas de excelencia a la misma en la recogida que pillo de milagro. Esta es visión rápida de una recogida que me gusta. El paso ha entrado un año más con eso que lleva por delante y que a Jorge Alonso le gusta tanto y a mí tan poco. La cofradía ya está dentro, a oscuras y sonrisas radiantes de felicidad mientras al paso de la Virgen por excelencia de la Semana Santa de Almería le bajan piezas o cosas o candeleros como la mujer guapa se quita las joyas al llegar a casa. Durante unos minutos yo le sujeto una de esas joyas. Es un Viernes Santo de pies descalzos y frío suelo, de vuelta a casa por la calle de las Tiendas con una familia y un hijo que, pronto, en LIBREA, disfrutaremos con esto mismo pero a su manera. O lo que es lo mismo: más y mejor.
7 de agosto de 2010
La que vence al público duro
A la Soledad la vemos pasar como vemos alejarse el suspiro de un Viernes Santo. Sabes que verle el manto es el abismo de un largo año por delante. Pienso en estas cosas con una botellita de agua que oscila en mis manos en una conversación. No sé nada de la Soledad hasta que se angosta en el Cubo el misterio. Allí estoy yo con mi suegra. El misterio pasa, pasa, pasa, pasa, bueno, vale, ya pasó, venga de frente. Y se lo lleva Félix al pino de los Seises aunque lo para un poco antes también. La ciudad se lo perdona o tal vez ni se lo tiene en cuenta. Con la Soledad en la calle los muros invisibles que trazan el graderío de la afición sólo dejan dentro a los melómanos y los flamencólogos; a la Soledad la gente le quiere saetas. Este año las canta un ruso con bigote mientras Churchill disfraza un palermo. Magnífica faena en el coso de esta cofradía y los del Morato, todos contentos. Luis Criado, por decir un nombre visible de esto que es ahora la Soledad en la calle, mucha gente con un concepto entre manos y el gusto entre ceja y ceja, ha sabido dejar actuar a los que han sabido actuar y a la Soledad se le ha cantado mejor que nunca aunque un poco peor que el año que viene. Luego veo por fotografías que así se va con un giro y otro cuando baja por la calle Ancha —que el año que viene cumplirá 200 años— esta cofradía que ha bajado de las aceras al público duro del Viernes. Luis Criado recibe otro aplauso (in)merecido, vaya usted a saber. Los logros empiezan a ser tantos que asusta la velocidad vertiginosa de esta Soledad de cuño actual y poso eterno. Me encuentro a alguien con otra botellita y le apuro el agua a cambio de ser yo el que viaje a la papelera. Y me escapo de la tediosa crónica de turno de quien piensa que me interesa su opinión. Me escapo y retuerzo la toalla de la Semana sacándole las gotas de excelencia a la misma en la recogida que pillo de milagro. Esta es visión rápida de una recogida que me gusta. El paso ha entrado un año más con eso que lleva por delante y que a Jorge Alonso le gusta tanto y a mí tan poco. La cofradía ya está dentro, a oscuras y sonrisas radiantes de felicidad mientras al paso de la Virgen por excelencia de la Semana Santa de Almería le bajan piezas o cosas o candeleros como la mujer guapa se quita las joyas al llegar a casa. Durante unos minutos yo le sujeto una de esas joyas. Es un Viernes Santo de pies descalzos y frío suelo, de vuelta a casa por la calle de las Tiendas con una familia y un hijo que, pronto, en LIBREA, disfrutaremos con esto mismo pero a su manera. O lo que es lo mismo: más y mejor.
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30 de mayo de 2010
La que suena, sale y entra
De silencio poco. Aquí suena la cofradía hasta por las costuras de las túnicas de los nazarenos más prietos. Crujen los pasos, que se retuercen y hasta se rompen. Todo le suena a la cofradía que mejor se supo entender e interpretó la cosa ésta cofrade. Es un enorme aparato escénico -que no es poco- que se planta en la calle con una inercia de Jueves Santo recuperado. Aquí tenemos a la pionera del día, la de la buena senda, la que dijo por aquí y por ahí fueron muchas. La que se peinó un día y djo que la túnica era una cosa muy seria como para seguir sacando lo que sacaba y la que se miró en el espejo y dejó de ser una cofradía grande para ser una gran cofradía y le cuesta pero se afana. La hermandad que se sacó de la manga un palio castigado y delicioso y un misterio que escupe muy pocas astillas al año pero lleva años dando gusto ver. Así que yo veo el arco de medio punto de San Agustín hueco al fondo y sale la cofradía que se me pierde por unas calles y brota entre ruido de platos y bullicio de parroquianos en Casa Puga. Luego se me dispersa en el remanso ancho y espeso de Lope de Vega. Mal público hay hoy aquí y más pipas que de costumbre. No es buena calle para las soledades del Silencio. Veo a Pepe Leyva encima de una escalera con sus vídeos, esos vídeos con instrucciones al dorso que advierten de que son altamente recomendables y baja el Silencio seguro que con alguna pieza de Manuel Santiago. Luego veo al misterio subir las cuestas a la altura de los Espumosos. Me acuerdo yo cuando aquí estaban los Espumosos pero ya no están ni cojo el paso aquí. Lo cojo antes, cuando sale de la Carrera oficial y lo acompaño en rampa hasta la rambla inversa de los Alfareros. La capilla toca las piezas nuevas de Estefanía Escobar, las que le ha compuesto a la escena, que va andando con amigos debajo que van saliendo contentos. Falta le hace a este mazacote del Jueves ir desprendiéndose de esa mala fama que tiene de pesado. Alguien tendría que explicar a los que reclutan que alardear de peso, echarle quilos como el que le echa gambas al arroz ajeno espanta más que ayuda.
El paso de palio va rozándole a la noche sus variantes cuando pasa a la altura de un termómetro que no marca bien los números de la temperatura que ha calculado. Se va de un lado a otro y me gusta ir al lado de estos capataces de martillo y martillo, subo con la Virgen y pasamos delante de una heladería que pone luz a la mortecina rambla de los Alfareros de recogida. Por aquí me suena a mi que se tocó la marcha de Manuel Martínez -el que sirve a, no el que se sirve- y Jesús de las Penas y una saeta y para adentro. Este año los hermanos se reunieron en cabildo y decidieron entrar así. Adentro aberturas negras en los antifaces puestos para el palio que cierra la puerta recogiéndose la cola de su manto y la del Silencio es ya una cofradía menos. Quedan tres y el Resucitado. Aquí tres.
El paso de palio va rozándole a la noche sus variantes cuando pasa a la altura de un termómetro que no marca bien los números de la temperatura que ha calculado. Se va de un lado a otro y me gusta ir al lado de estos capataces de martillo y martillo, subo con la Virgen y pasamos delante de una heladería que pone luz a la mortecina rambla de los Alfareros de recogida. Por aquí me suena a mi que se tocó la marcha de Manuel Martínez -el que sirve a, no el que se sirve- y Jesús de las Penas y una saeta y para adentro. Este año los hermanos se reunieron en cabildo y decidieron entrar así. Adentro aberturas negras en los antifaces puestos para el palio que cierra la puerta recogiéndose la cola de su manto y la del Silencio es ya una cofradía menos. Quedan tres y el Resucitado. Aquí tres.
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2 de mayo de 2010
Poderío
El cielo está encapotado o es mi retina la que alberga nubes cuando a la Catedral se le escapa la lagartija de su primera cofradía. Sorteando palmeras y con presencia de canónigos abundantes se saluda a monseñor que aguarda en su balcón y le pasan por debajo picudos nazarenos hoy por Lope de Vega. Las obras, el andamiaje de Mariana dispersa la comitiva que fluye por Real con un pie con forma de cedro que deja huellas en el huerto de la esponjosa tierra. El escapulario y la cera repetida en parejas y más parejas. No es mala cofradía la que veo salir ni la que veo pasar. Luego pasa lo que pasa, que te acercas para la recogida de las olivas y a esto que te dice uno algo y ya te quedas. Aunque al paso, digo, le cuesta gravitar. Hay que ver qué cosas tienen los ricos, los nuevos ricos. Así que al paso le cuesta pasar por los sitios; pero hay sudaderas rojas de sobra para conseguirlo. Ha salido el Prendimiento para quien se haya despistado en el mar de camiones y antenas de la plaza de la Catedral. Esta cofradía es la del dejarse ver y a la que le gusta que la miren así que a la cofradía le toca lo martillos cualquiera. A ojo de mal cubero contabilizo más que a ninguna otra. Arenas, Javier a la salida es el mediático y el recordado. Algún jugador del Almería y políticos con varas completan el saco representativo de los poderes de la ciudad. Con el cura y el alcalde, faltan el maestro y el farmacéutico para completar las fuerzas vivas del pueblo. Un pueblo que va detrás del Cautivo y un Cautivo que va con la túnica pretendidamente lisa que muchos pretendían. Lástima que sea de cierto-pelo y larga a rabiar (de más) y no tuviera el bamboleo pretendido. Tal vez era lo que pretendían los otros. Gol de cualquier forma. Jugada hábil en las pretensiones internas que han vivido una Cuaresma con sobresaltos con las túnicas cristíferas.
A lo que iba. Que el misterio baja por Real, esquiva los balcones de las cuatro calles, llega a Gerona larga y ancha, sube, gira, se encuentra con la gente en los aledaños de la Carrera oficial, la pasa con el popurrí, sale, encara Ricardos, la pasa, pasa la plaza de San Pedro, pasa por el Aceite, sube hacia el Puga, gira y llega a Lope de Vega. Si parece que estábamos aquí hace nada. Luego, la Virgen entra y el Cautivo me parece que también.
A lo que iba. Que el misterio baja por Real, esquiva los balcones de las cuatro calles, llega a Gerona larga y ancha, sube, gira, se encuentra con la gente en los aledaños de la Carrera oficial, la pasa con el popurrí, sale, encara Ricardos, la pasa, pasa la plaza de San Pedro, pasa por el Aceite, sube hacia el Puga, gira y llega a Lope de Vega. Si parece que estábamos aquí hace nada. Luego, la Virgen entra y el Cautivo me parece que también.
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27 de abril de 2010
Corto y cambio
Qué frío era el tacto de aquellos antifaces azules que salen esta tarde. Y la cofradía que es carne de Jueves volvió a plantar sus cruces en la calle. Los nazarenos partidos en rojo por la mitad han ido pasando por el Capitol con algún saetero dentro. Esta cofradía es muy de pasar por sitios de comida aunque Los Claveles ya cerró. Lo mismo le da un comedor social que un restaurante que un bar. El caso es que es cofradía que a mi me huele a puerta de bar, a cocina si hay que afinar más, aunque estas cosas cuando se dicen de tu cofradía no entiendo porqué suelen desagradar. No es mi intención como tampoco lo es de la Hermandad la de protagonizar el cruce de caminos del año pasado. A ojo me da a mi que los Molinos han pasado más tarde de lo previsto por la Carrera oficial y en la Puerta de Purchena, además de mucha gente este año no pasa nada más. El Amor se baja de su plaza bordeando el Amalia con Santa+Cruz estrenando la estampa de sus cascos sin el penacho rojiblanco. Me corrije alguien que lo dice más bonito: Santa Cruz viene sin el llorón de plumas, fíjate, y se presagia en los comentarios La Esencia, esa suerte de popurrí que podría ser la esencia musical de esta banda. Se prevé en el Paseo y cae.
La de Sorbas va con suerte y la cofradía anda imponiendo pocas cosas. ¿La ventaja? Que donde veo el palio suena una joyita. En la plaza de San Pedro, por ejemplo, El Cristo de la Escucha, por Real Amarguras, luego una de José de la Vega y así vamos encadenando perlas al collar de esta Virgen que a mi me encanta. A Gabi Martín me lo encuentro en la plaza de San Sebastián conversando y espero para preguntarle por el tocado que le ha hecho a la Virgen. Encaje ruso del XIX, dice, y silbo con asombro. O de asombro. Como silbo cuando veo que el Cristo del Amor está dentro y cuando llega el palio se hace la cuadrilla su cosita que toda cuadrilla se gusta preparar para sus momentos pero poco más. Este año no hay más y, oye, que yo lo prefiero. Manolo Cuadrado debuta con picadores y el Amor, cuando te vienes a dar cuenta, ya está dentro. Hace años -no tantos- lo mismo aún no habría ni entrado en la Carrera oficial. Un cambio para mejor aquel adelanto horario en tiempos de monseñor García Beltrán. Como entiendo yo que sería para mejor lo del único paso. Aquí para los que no recuerden.
La de Sorbas va con suerte y la cofradía anda imponiendo pocas cosas. ¿La ventaja? Que donde veo el palio suena una joyita. En la plaza de San Pedro, por ejemplo, El Cristo de la Escucha, por Real Amarguras, luego una de José de la Vega y así vamos encadenando perlas al collar de esta Virgen que a mi me encanta. A Gabi Martín me lo encuentro en la plaza de San Sebastián conversando y espero para preguntarle por el tocado que le ha hecho a la Virgen. Encaje ruso del XIX, dice, y silbo con asombro. O de asombro. Como silbo cuando veo que el Cristo del Amor está dentro y cuando llega el palio se hace la cuadrilla su cosita que toda cuadrilla se gusta preparar para sus momentos pero poco más. Este año no hay más y, oye, que yo lo prefiero. Manolo Cuadrado debuta con picadores y el Amor, cuando te vienes a dar cuenta, ya está dentro. Hace años -no tantos- lo mismo aún no habría ni entrado en la Carrera oficial. Un cambio para mejor aquel adelanto horario en tiempos de monseñor García Beltrán. Como entiendo yo que sería para mejor lo del único paso. Aquí para los que no recuerden.
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25 de abril de 2010
El caracol de los Molinos de viento
Por la plaza de San Luis ahora pasan menos coches pero mañana pasarán más. Vamos en taxi al barrio que poco visitamos con la calma de ver a lo lejos el paso por la soleada carretera de Níjar. Esta Cuaresma se ha tirado de taxi con pólvora de rey y hoy Martes recurrimos a ella con la felicidad de la intensidad remansada. Agotadas las vísperas, empezado a terminarse todo y confirmada la consumación nos encontramos en la calle Pilares con Dani y José Antonio,que suelen ser los que hacen las fotos que luego aquí uso. Hace sol y la cofradía sale de su barrio con su barrio a cuestas. Como un caracol. El barrio acompaña a su manera a la cofradía que me gusta, oye. Menuda papeleta la de ir y luego venir. Con estas visitas toma uno conciencia de la realidad y el misterio se va andando de largo en busca de la carrera del Perú. Qué de sol se desparrama entre la hojarasca que distingo, de lejos, en la talla del canasto de este paso. Detrás va una agrupación que no para de tocar y muchos cochecitos con niños encima que maman la Semana Santa de su barrio a su manera, que es la manera que tiene este barrio de acompañar a su cofradía. Luego con Carlos Galisteo salgo de la bañera de la duda y me dejo secar a este sol de barrio y viento (hoy se acaba) de la calle Pilares. Los Molinos no da para mucho más, aquí las casas son de una o dos plantas. No como en esos barrios de bloques y eso se traduce en lo populoso que se planta uno en la calle. Esta de los Molinos, al menos, lo hace con una gratísima riqueza interior que hace mirar a la cofradía con orgullo. Me gusta. Luego pasa el palio. Al frente pasa Carlos Galisteo, que se lo lleva de sol a sol y más cochecitos.
La segunda parte es un retraso para entrar en la Carrera oficial o eso parece. De todas formas luego se agradece porque es el tiempo justo para que pase el Amor por la Puerta de Purchena y ambas cofradías se encuentren de lejos y se eviten las soluciones tempraneras. En la calle Murcia no veo la cofradía. Las obligaciones me permiten verla a la altura del Alcázar con mis sobrinos pero a la calle Murcia no llego. Me dicen que hubo mucha gente allí este año. La cosa, luego, cambia en los terrenos alejados. Entonces la cofradía se pliega sobre sí misma, de nuevo, como el caracol que es y se pone a subir y subir y subir hasta llegar al Seminario donde ya nadie espera y sigue y sigue y sigue hasta que entra. Es un ejemplo de Martes Santo, de distancia y de hermandad lo que ha pasado por aquí llevándose las capas a otro lado y poniendo a mucha gente el mira tú en la boca.
La segunda parte es un retraso para entrar en la Carrera oficial o eso parece. De todas formas luego se agradece porque es el tiempo justo para que pase el Amor por la Puerta de Purchena y ambas cofradías se encuentren de lejos y se eviten las soluciones tempraneras. En la calle Murcia no veo la cofradía. Las obligaciones me permiten verla a la altura del Alcázar con mis sobrinos pero a la calle Murcia no llego. Me dicen que hubo mucha gente allí este año. La cosa, luego, cambia en los terrenos alejados. Entonces la cofradía se pliega sobre sí misma, de nuevo, como el caracol que es y se pone a subir y subir y subir hasta llegar al Seminario donde ya nadie espera y sigue y sigue y sigue hasta que entra. Es un ejemplo de Martes Santo, de distancia y de hermandad lo que ha pasado por aquí llevándose las capas a otro lado y poniendo a mucha gente el mira tú en la boca.
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23 de abril de 2010
Si eso apaga, Manolo
Vaya cofradía oscura que es Pasión. Yo que la veo esquivando farolas por la calle Gerona no hay Lunes Santo que le vea luminosidad al oscuro cortejo que se trae al Cristo de las carnaciones viejas desde la parroquia en la que me bauticé. Pasión sale a la calle con una atmósfera de lejanía por montera. Es elegante sin descuidar los orígenes pero oscura. Oscura y desangelada, a gala. Viene por los anchurones del barrio al que no renuncia y vuelve por otras fisuras de amplias vistas por voluntad estética mal entendida. Pero aun así me gusta verla. En la esquina con Álvarez de Castro se puede ver todo. Eso ocurre antes de realizar estación en la patrona. Luego me encuentro con Josemari El Caja y respectiva y hablamos de la agrupación aquella que tenía las Angustias en las sillas que monta el Ayuntamiento en una pared de la Escuela de Arte. Lo hacemos con la del Dulce Nombre de fondo. El de la Salud y la Pasión es un Cristo que se cae, tres veces, y gira con dos marchas en una esquina. Luego gira en otra esquina con otras dos marchas y así va recopilando solos de trompeta hasta que da el último giro del año delante de la rampa, la sube y se mete en la iglesia de los espacios abiertos. Manolo Márquez se acerca con dificultad a un paso del que no puede faltar nunca y todo en él retumba como un Juan Sagredo sin pastillas Juanola que mantiene el peinado ensortijado.
La Virgen viene de Reyes Católicos y pasa por el mini bar. La que tiene que liar la pobre para llegar a la Rambla y luego la cofradía desciende entre dátiles y acompañada de unos almerienses distintos a otros. Los surtidores le llueven a la fuente un cíclico chorro que esquiva el cortejo y el frío dispersa muchas cosas. A la altura del Colombia, yo que lloré ese barrio otrora, las velas del barco se pliegan y las del palio se apagan en un cabo de vientos y más frío. El esfuerzo es titánico porque donde se ve la biblioteca el frío es menos y el viento ninguno. Pero hay que llegar. Manolo Arqueros ha dejado en su despedida una cofradía con el dobladillo bien metido y esos logros titánicos (y otros) que bien merecen el descanso que mejor merece. Hasta la próxima, para la que ya cuento los años, Hermano mayor. Se te agradece cuánto y qué. Y cómo. Apaga, si eso, al salir, que ya entiendo las oscuridades pero despojándonos de la chaqueta de realidad nos quedamos otra vez en los huesos de la memoria y la recompensa alta que tiene acompañar a la cofradía. A la entrada llueve una saeta de fuera del circuito. Dos años que llevo en esa recogida y dos años que un alcorque determinado, preciso, concreto, me separa de una saeta de verdad. El año pasado fue -o se pareció- a la del 'pañuelito' de Pili del Castillo y la de este año no me ha sonado a ninguna. No sé el nombre de quién la cantó. Sólo me acuerdo de que, tras el alcorque de los últimos años, determinado, preciso, ese alcorque concreto, un arquero asaeteó a su madre y a todos los presentes tal que así:
Madre mía, te suplico
que no me dejes de querer
aunque yo no sea un buen hijo.
Que no hay consuelo más grande
que el de una madre para un hijo
y ahora que ya se me fue
la madre que yo aquí tenía
te pido que esté a tu vera
y desde el cielo nos cuidéis cada día.
La Virgen viene de Reyes Católicos y pasa por el mini bar. La que tiene que liar la pobre para llegar a la Rambla y luego la cofradía desciende entre dátiles y acompañada de unos almerienses distintos a otros. Los surtidores le llueven a la fuente un cíclico chorro que esquiva el cortejo y el frío dispersa muchas cosas. A la altura del Colombia, yo que lloré ese barrio otrora, las velas del barco se pliegan y las del palio se apagan en un cabo de vientos y más frío. El esfuerzo es titánico porque donde se ve la biblioteca el frío es menos y el viento ninguno. Pero hay que llegar. Manolo Arqueros ha dejado en su despedida una cofradía con el dobladillo bien metido y esos logros titánicos (y otros) que bien merecen el descanso que mejor merece. Hasta la próxima, para la que ya cuento los años, Hermano mayor. Se te agradece cuánto y qué. Y cómo. Apaga, si eso, al salir, que ya entiendo las oscuridades pero despojándonos de la chaqueta de realidad nos quedamos otra vez en los huesos de la memoria y la recompensa alta que tiene acompañar a la cofradía. A la entrada llueve una saeta de fuera del circuito. Dos años que llevo en esa recogida y dos años que un alcorque determinado, preciso, concreto, me separa de una saeta de verdad. El año pasado fue -o se pareció- a la del 'pañuelito' de Pili del Castillo y la de este año no me ha sonado a ninguna. No sé el nombre de quién la cantó. Sólo me acuerdo de que, tras el alcorque de los últimos años, determinado, preciso, ese alcorque concreto, un arquero asaeteó a su madre y a todos los presentes tal que así:
Madre mía, te suplico
que no me dejes de querer
aunque yo no sea un buen hijo.
Que no hay consuelo más grande
que el de una madre para un hijo
y ahora que ya se me fue
la madre que yo aquí tenía
te pido que esté a tu vera
y desde el cielo nos cuidéis cada día.
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21 de abril de 2010
Viento y sol y verde
San Ildefonso es iglesia moderna aunque anticuada menos cuando le sale una cofradía. Hoy es la Sentencia, ese anticipo de dolor que es la copia de la Macarena que va detrás. Sale el misterio por donde salía hace años y pasa por calles por las que pasaba hace años. Busca la calle Silencio como en la Magna y se encuentra un gentío impresionante. En la parte media de la carretera de Granada -cuando aún es calle- la gente ha vencido la frontera ideologica de la acera y arropa a la cofradía. El relator le pone tanto énfasis a la labor que su voz es como viento que se queda a descansar en las casas de los maestros y empuja a la cofradía hacia la calle Triunfo. El saludo y la cara de Manuel Cuadrado, tan poco acostumbrado a estas parroquias tan céntricas y a recibir el afecto de tantas cofradías, bien pudiera ser la imagen de este Lunes Santo. El sol atraviesa las nubes de incienso. Ya estamos con el sol y sus rayos -me viene un recuerdo de Vísperas- y disfruto del momento. Acompaño al misterio hasta la Puerta de Purchena, hasta la Patria Hispana que mantiene nombre de aseguradora de toda la vida y hasta el quiosco Amalia que es como decir que lo acompaño mucho rato pero en realidad no es tanto. Y como no lo es, sigo acompañándolo hasta Santiago y pasamos ante los carteles del cierre de La tijera de oro y el romano que habla con Pilatos parece que sonríe pero, en realidad, es una mueca irónica y de asco por cómo están las cosas con esto de la crisis. Luego veo a la cofradía en la calle Torres como si ahí, antes, hubiera habido un cine. Pero ahora sólo hay mucho frío, un frío que sube y que abriga a mis sobrinos. Con ellos veo pasar a los nazarenos del antifaz verde y los cirios apagados. Uno/a se detiene y con alegría de nazareno de capa reparte caramelos. O estampas, no recuerdo. Se anima la tertulia en el parón y los niños dan su primera clase de utilidad en la vida: aprender a reconocer bajo el antifaz. Luego me enamoro de la oscuridad de una mantilla y después viene la otra Esperanza. Un poco más abajo se traza el paralelismo a escala; dos procesiones separadas por el cristal de un escaparate. En Tejidos Olga se detiene la cofradía y cuando echa a andar suena una marcha de Javier Alonso y vienen los empujones detrás del paso.
El Lunes Santo me gusta porque veo lo mismo dos veces. A la noche toca repetir pero con la luna por forillo. Por el día la cofradía saluda a otras cofradías y por la noche saluda a los vecinos. El misterio por la calle de la Noria es bonito. Van pasando nazarenos de antifaces que parecen marrones por delante de casas de puerta y ventana. En la reja de una casa una cinta y muchas esparragueras de las que se comen los gatos a media mañana. Todo con sabor a cofradía en sus terrenos. De noche los vecinos que de día van a ver la cofradía, reciben la visita de vuelta. Ni siquiera sé si se cumplen los horarios previstos. Tal vez no haya previsto ningún horario. Me despido, eso sí, del palio cuando pasa por la Casa de hermandad del Perdón. Viene de dejarse los tambores en la del Silencio y pasa precedida de muchas nucas. Hasta el año que viene, Cruces arriba el palio, Cruces abajo la gente que se despide.
El Lunes Santo me gusta porque veo lo mismo dos veces. A la noche toca repetir pero con la luna por forillo. Por el día la cofradía saluda a otras cofradías y por la noche saluda a los vecinos. El misterio por la calle de la Noria es bonito. Van pasando nazarenos de antifaces que parecen marrones por delante de casas de puerta y ventana. En la reja de una casa una cinta y muchas esparragueras de las que se comen los gatos a media mañana. Todo con sabor a cofradía en sus terrenos. De noche los vecinos que de día van a ver la cofradía, reciben la visita de vuelta. Ni siquiera sé si se cumplen los horarios previstos. Tal vez no haya previsto ningún horario. Me despido, eso sí, del palio cuando pasa por la Casa de hermandad del Perdón. Viene de dejarse los tambores en la del Silencio y pasa precedida de muchas nucas. Hasta el año que viene, Cruces arriba el palio, Cruces abajo la gente que se despide.
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20 de abril de 2010
Almuerzo y cena
El camarero se atreve a preguntar por los lazos que no para de ver entrar en las solapas de los clientes de la Tahona. ¿Por qué los hay de diferentes colores? Todo le cuadra mientras se acercan a pagar unos rojos y blancos. Yo he descubierto que con quien me tengo que casar es con una mujer que se pone las gafas de sol en la cabeza. Con sus hijos, en una calle peatonal, la tarde se hace menos tarde a su lado y adentro, tras los cristales, apuran canosos matrimonios la comida, el café o el descanso que la tarde se prevé dura. Tres cofradías; platos fuertes, postre, copa y puro decíamos esta mañana en 16:9. En el ecuador se le ve al día trasiego de músicos y costaleros por la carretera de Ronda. La de cofrades de los barrios que hacen grande el centro esta Semana y Pepe Camacho salva la tarde y el resto de tardes desde la distancia de sus gestiones. La cafetería del hotel Torreluz es una gran desconocida. Ahora es más oscura y menos clásica pero es un oasis tras el desierto de arrimarse a la barra del quiosco Amalia. El nuevo Oasis recibe oleadas de náufragos del mismo intento pero nosotros optamos, como digo, por el oasis oscuro y tranquilo de la cafetería del hotel cercano. La luz llama a la puerta de los naranjos de la antigua plaza de Canalejas y me da a mi que le florece un botón en un alarde de condescendencia con la tarde. Salen tres nazarenos de la antigua calle de Vargas. ¿Es que hoy la cosa va de antiguo? No, que sale la Cena, cofradía nueva que no lo parece.
Aunque nací sin ella, ya no concibo un Domingo de Ramos sin la Cena. Será porque nunca ha faltado y ya se ha hecho indispensable. O será por esto último, sencillamente. Las tardes serían menos tardes sin este misterio grande y por eso yo lo quiero ver (sin este misterio grande y una mujer con las gafas de sol en la cabeza). Desde hace unos años la cofradía sale hacia Correos. Antes lo hacía buscando Floridablanca o Torres, dependiendo, pero ahora busca trazar un ocho de nazarenos blancos que sortean conventos chorreándole los cirios al cuadril. La cofradía se hace extraña en la calle, muy serena, sin los alardes devocionales de los que alardean otras pero plantando uno de los mejores cortejos. La tranquilidad es lo que mejor define a la cofradía. O la elegancia, si es que no son la misma cosa (que lo parece). La cofradía ofrece muchas dudas. Es precioso esperarla en General Castaños y ver llegar los ciriales pero es que es precioso acompañarla hacia las Puras así que donde te pille la disfrutas. Como la puedes disfrutar en la lonja de la Catedral castigando al costero izquierdo, que este año no ha castigado. Vuelvo a ver la cofradía en la Carrera oficial, subiendo la pendiente en la voz ronca de R. Alejandro Torres y conversando de flores con Plaza y Pérez en la radio. Paco Valdivia no ha acertado este año con los jacintos. Se caen, se vienen hacia abajo cuando el paso va hacia arriba. Uno de los que caen se lo entrega Daniel a Lucía que ve pasar la cofradía junto a sus primos y hermanos a las espaldas de la plaza de la leche. Y el paso se lleva detrás del Cordero y el libro de los siete sellos un dibujo del Señor que ha hecho Lucía. Luego vendrá la Virgen sin azahar este año. La lluvia manda, obliga, condiciona. El repertorio da gusto. A la vuelta yo veo a la Virgen contenta. Un repentino escalofrío me hace tomar conciencia de mi pertenencia a la tribu. Suena una marcha de Borrego y lo mismo esto influye. Y la de Marvizón para el Lunes. Los nazarenos se vuelven a meter en la iglesia de la que salieron. Han recorrido la ciudad sin aspavientos con una túnica blanca como todas las de hoy. No sólo Teruel existe, Cebrián también. Y otra vez suena su Macarena. Y Pantión, y Gámez. Y Javier Tapia que se trae otra marcha este año. La cofradía ya ha entrado. Creo que Manuel Mateu le canta a la Virgen grande al entrar, o lo mismo lo hace otro día, o fue otro año. El que viene hay que volver a estar para salir de dudas.
Aunque nací sin ella, ya no concibo un Domingo de Ramos sin la Cena. Será porque nunca ha faltado y ya se ha hecho indispensable. O será por esto último, sencillamente. Las tardes serían menos tardes sin este misterio grande y por eso yo lo quiero ver (sin este misterio grande y una mujer con las gafas de sol en la cabeza). Desde hace unos años la cofradía sale hacia Correos. Antes lo hacía buscando Floridablanca o Torres, dependiendo, pero ahora busca trazar un ocho de nazarenos blancos que sortean conventos chorreándole los cirios al cuadril. La cofradía se hace extraña en la calle, muy serena, sin los alardes devocionales de los que alardean otras pero plantando uno de los mejores cortejos. La tranquilidad es lo que mejor define a la cofradía. O la elegancia, si es que no son la misma cosa (que lo parece). La cofradía ofrece muchas dudas. Es precioso esperarla en General Castaños y ver llegar los ciriales pero es que es precioso acompañarla hacia las Puras así que donde te pille la disfrutas. Como la puedes disfrutar en la lonja de la Catedral castigando al costero izquierdo, que este año no ha castigado. Vuelvo a ver la cofradía en la Carrera oficial, subiendo la pendiente en la voz ronca de R. Alejandro Torres y conversando de flores con Plaza y Pérez en la radio. Paco Valdivia no ha acertado este año con los jacintos. Se caen, se vienen hacia abajo cuando el paso va hacia arriba. Uno de los que caen se lo entrega Daniel a Lucía que ve pasar la cofradía junto a sus primos y hermanos a las espaldas de la plaza de la leche. Y el paso se lleva detrás del Cordero y el libro de los siete sellos un dibujo del Señor que ha hecho Lucía. Luego vendrá la Virgen sin azahar este año. La lluvia manda, obliga, condiciona. El repertorio da gusto. A la vuelta yo veo a la Virgen contenta. Un repentino escalofrío me hace tomar conciencia de mi pertenencia a la tribu. Suena una marcha de Borrego y lo mismo esto influye. Y la de Marvizón para el Lunes. Los nazarenos se vuelven a meter en la iglesia de la que salieron. Han recorrido la ciudad sin aspavientos con una túnica blanca como todas las de hoy. No sólo Teruel existe, Cebrián también. Y otra vez suena su Macarena. Y Pantión, y Gámez. Y Javier Tapia que se trae otra marcha este año. La cofradía ya ha entrado. Creo que Manuel Mateu le canta a la Virgen grande al entrar, o lo mismo lo hace otro día, o fue otro año. El que viene hay que volver a estar para salir de dudas.
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Semana Santa 2010
11 de abril de 2010
Mañana en 16:9
Yo la Borriquita no la veo salir ni entrar. La puerta fui a verla el día del Pregón y con eso me bastó y al Señor de la Victoria lo veo muchos domingos de noviembre porque para hacer la Comunión en el Espíritu Santo hay que ir a misa los domingos a las siete y media. Pero hoy, antes de encontrarme con Él tengo que ver otros altares. La visita de rigor al corazón y luego a la amistad y la familia. Y ya sí se puede producir el reencuentro. La Borriquita la veo en las cuatro calles. Baja con mucho sol y retraso. La Virgen de la Paz es un paso de palio que va sin prisa por la vida porque no le arrea ninguna Cruz de guía por detrás como a sus hermanas de la tarde y bien que hace. Llegan todos con retraso a la Carrera oficial pero, coño, que es Domingo de Ramos y los males son menos males. Brilla un sol de domingo y hace mucho frío frente a las fachadas de Navarro Rodrigo que dan sombra. La cofradía pasa camino de la espalda verde de un hermano de la Salle y aprovechamos para saludar a José Pérez Cruz, su primera Semana Santa al frente de la banda de la Cañada. En esta calle, el sol, las cabezas y los globos te traen la primera cofradía en 16:9 de la Semana. También llegan los primeros cagajones del día. Con cuidado te despides de unos y almuerzas brevemente con otros que, a la tarde, hay platos fuertes, postre, copa y puro.
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